
Los cristales son formaciones sólidas naturales en geometría sagrada de diferentes minerales, oxígeno y silicio que se van formando y con el pasar del tiempo se convierten en el ADN de la madre tierra. Después de un periodo de gestación cuando están listos, brotan para ser vistos y poder empezar a cumplir con su propósito y su misión de absorber, conservar, enfocar y emitir mucha energía.
Cada formación de cristales es única y diferente, sin embargo internamente tienen una estructura ordenada y simétrica. En el corazón del cristal está el átomo y sus electrones que van girando, generando la emisión de energía del cristal.
Tal como la madre tierra ha evolucionado, la formación de cristales ha cambiado y se ha diversificado. En todas las laderas del mundo podemos encontrar cristales de todas las formaciones y colores. Unos van desapareciendo, otros nuevos van surgiendo y mezclas entre unos y otros van apareciendo.
Desde tiempos milenarios, se ha reconocido el poder de los cristales como grandes sanadores, emisores de energía y como símbolos de poder. Decoran las coronas de los reyes, se llevan en relojería por su precisión y participan en terapias de armonización y energización de espacios y centros de energía del paciente por contener oxígeno y silicio de igual manera que el cuerpo humano y al colocarlos sobre sus centros de energía, la composición celular se ordena amplifica y activa.
A la vista son muy luminosos y atractivos. Pueden llegar a decorar tu casa, los puedes llevar como joyas atractivas o herramientas de trabajo.
Para mí son mascotas que llegan cuando me han escogido para trabajar algún aspecto o situación de vida. Las recibo con la mano que no escribo, cierro los ojos, siento su energía, recibo el mensaje que tienen para mí y los programo desde mi intensión de cómo me quiero sentir y que quiero trabajar en mí, para que al sentirlos o verlos me recuerden mi propósito de crear esa nueva realidad.
¡No te pierdas la experiencia! ¡Son maravillosos!